Pierre Auguste. Le printemps («La primavera», 1873)
A diario tengo la
mirada en la abstracción de tu presencia
como un ave que
pasa lenta mirando las tardes
como los árboles
bailando el ritual del viento;
me transformo en
tu nombre y lo que implica la naturaleza de tus ojos
y encuentro en la
noche rastros de nuestras pláticas
pizcas de los
encuentros y nubes llenando de agua la transparencia
que nos revela
conjugados en esas calles que saben a madrugadas.
Ven, háblame de
esa ciudad ominosa y sus miles de pobladores
que chocan sus
brazos con los nuestros mientras viajamos,
que nos miran y en
sus pensamientos se pierden cual velocidad,
condúceme por cada
estación y línea multiplicando al barullo,
el tiempo corre a
la inversa y nos deshacemos en lo molecular
te configuras
Virgilia y Odisea hasta acabar entrañada en mis vasos sanguíneos.
Ven, acomódate entre
mis costillas
respira, vuélvete aliento
y presencia incorpórea,
siembra en mis
ojos el deseo presente de mirarte mientras volamos
porque eres ave,
eres flor, eres tierra y mar al mismo tiempo,
porque tienes la mirada de las catarinas en primavera,
etérea, remolineante, una mirada de universo sin fin ni comienzo
sempiterna y glorificada al canto de lo natural.
José J. González
Poema escrito el 29 de agosto de 2017
Toluca, Estado de México
Derechos reservados

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