miércoles, 30 de agosto de 2017

Tienes la mirada de las catarinas en primavera





Pierre Auguste. Le printemps («La primavera», 1873)

A diario tengo la mirada en la abstracción de tu presencia
como un ave que pasa lenta mirando las tardes
como los árboles bailando el ritual del viento;
me transformo en tu nombre y lo que implica la naturaleza de tus ojos
y encuentro en la noche rastros de nuestras pláticas
pizcas de los encuentros y nubes llenando de agua la transparencia
que nos revela conjugados en esas calles que saben a madrugadas.

Ven, háblame de esa ciudad ominosa y sus miles de pobladores
que chocan sus brazos con los nuestros mientras viajamos,
que nos miran y en sus pensamientos se pierden cual velocidad,
condúceme por cada estación y línea multiplicando al barullo,
el tiempo corre a la inversa y nos deshacemos en lo molecular
te configuras Virgilia y Odisea hasta acabar entrañada en mis vasos sanguíneos.

Ven, acomódate entre mis costillas
respira, vuélvete aliento y presencia incorpórea,
siembra en mis ojos el deseo presente de mirarte mientras volamos
porque eres ave, eres flor, eres tierra y mar al mismo tiempo,
porque tienes la mirada de las catarinas en primavera,
etérea, remolineante, una mirada de universo sin fin ni comienzo
sempiterna y glorificada al canto de lo natural. 

José J. González
Poema escrito el 29 de agosto de 2017
Toluca, Estado de México
Derechos reservados

sábado, 27 de mayo de 2017

Puedo presentir una mirada que trasciende



Sobre la ciudad, Chagall


¿Qué le diré a la mañana siguiente?
Siempre he creído, con grande maravilla, que la poesía
eso que nos asalta las sensaciones, se encuentra en el estallar de cada universo
como una chispa febril inflamando el canto de las aves y los pulmones
de aquellos gorriones de vuelo etéreo;
sucede que a veces me encuentro en el borde de un abismo, una inmensidad que miro de improviso,
sucede que, sin pretendiendo ver, me topo de frente en lo que el silencio se afana en llamar “lo sublime”,
no hay precedentes, sólo las mañanas tibias de primavera,
creo que en su mirada se encuentra contenido el suave y primigenio impulso de lo cósmico,
una gota de trascendencia incendiando los albores de la calma y el intempestuoso despertar del pez y la espada,
en sí misma es la glorificada matemática, la geometría de un dios obtuso que conformó con su aliento
la estática presencia de un ser que habita los terrenos de lo inmenso, como luz cayendo lento,
como sonido en la música que despierta a los animales acallados en la costa del pensamiento;
analogo un discurso que se proclama en el murmullo de las notas poéticas que recito de memoria
a tu sombra diáfana de luces claras.

Le hablaré de metafísica mirando el infinito diorama que conforma su tiempo y sus gestos tenues
es el pan y el vino por la víspera primaveral, es en sí misma el agua y el vaso, sustancia y forma
de lo que el paraíso ha dejado escapar una vez anunciada la llegada del sol y sus órdenes angelicales,
es como la poesía y cada una de las palabras que conforman la ordenación de los astros,
mis astros, las constelaciones, sus constelaciones,
una lectura de las estrellas conjuntando la alquimia terrena y la magia supraceleste,
originando, originándose, naciendo eternamente en un tiempo ajeno al humano, más allá de los dioses
y cada nombre que les hemos dado;
ella es una palabra que se coloca en el centro de la adivinación y los arcanos,
la reina, el mundo, la estrella, una combinación simbólica del ahora,
la sorpresiva certidumbre de que el arte coexiste con lo humano,
la anecdótica parsimonia de la luz y la curiosidad con que abstraigo su imagen en esa fracción de segundo,
argumentando la constante llegada de la brisa y la línea arquetípica que crispa su sonrisa de lumen.

Es presencia y poesía, un gesto suave proclamando el clímax de la belleza, parecida al arquetipo
de oculto bajo el mando de las estrellas estallando en la mirada de aquellos querubes alquímicos,
como oda y verso pronunciado al revés, pero también es distancia y el ansia profunda del alejamiento;
toda luz trae en sí misma la presencia inhóspita de lo que muere lento, un cúmulo desprovisto de líneas,
la vaga ensoñación de lo que nunca se ha iniciado, la boca, la lengua, los dientes, las palabras
de ningún Dios saltando la cuerda y enredándose en ella
el filo blandiendo la carne y el espíritu; puedo decir que  todo lo bello es lo más terrible,
porque siento su mirada como el beso en la parálisis, porque siento sus manos levantando cuchillos,
estériles ángeles del pandemonio surcando las arcas en la Gólgota
en “el establo de Dios y el diablo”.

Le hablaré a esa presencia primeramente nombrada, conjugaré dispares argumentaciones,
te lo digo claro, estas aves abandonan el pleroma otorgado al jolgorio de lo instrumental,
porque soy un ser accidental, un fenómeno contingente, la simulación del ser y el estar;
sabrás que he dejado de venir, y todo juicio basado en la jurisprudencia dela creación carece
de una aplicación mística,
con brevedad, con sigilo, dejarás de manifestar metáforas y sistemáticamente nos dejaremos de ser,
este hueco habrá crecido hasta hacer nacer nuevos universos.

José J. González
Derechos reservados
2017



martes, 28 de marzo de 2017

El pájaro azul

                                                                 Vicent van Gogh. As eternity´s gate

    
Me ha nacido un pájaro azul en la cabeza
pero es un pájaro enfermo de alas cortas
un ave triste que no sabe cantar
salta de un lado a otro con las patas rotas

a veces me silba quedito en la oreja
comprendo que está triste y le lleno de pastillas
se duerme hasta que llega el alba 
y abre los ojos con apagado resplandor
algunos días baja hasta mi corazón
bebe de mi sangre y se aprieta a mis pulmones
es un pájaro que nació triste y vacío

el médico psiquiatra me ha dicho que lo deje morir
que no le alimente más con desalmada esperanza
pero yo me opongo, grito, corro, lloro
entonces vienen los ángeles del abismo
nos llevan hasta las más altas cúspides y nos drogamos
bebemos elixires para olvidarnos todos
para caernos al abismo abrazados

y siempre volvemos a donde empezamos
él, triste en mi cabeza
picoteando el cascarón del que ha nacido
yo, le escucho despacio tratando de volar
invoco su nombre aún no consumado
enloquecemos hasta el cansancio
ha llegado a cansarme su anacrónico silbido
le he cansado con mis regaños

me ha nacido un pájaro azul, un ave enferma
una pobrecilla ave lisiada y ciega
que se da de tumbos mientras se pierde en mi oscuridad
que se abandona, me abandona y nos abandonamos

un día de estos los dos saldremos de nuestras jaulas
quizá con un poco de tino llegue a darle a mi reflejo con la escopeta
posiblemente llene de pastillas mis bolsillos y mi boca
pondré un poco de arsénico en su alpiste
le he prometido una salida
él, volara por sobre los parques
yo, caminaré sin peso alguno.

Toluca, Estado de México
Todos los derechos reservados